Leandro Iribarne 2026-08-18T14:02:00.000Z

Al Otro lado

En esta nueva crónica de Leandro Iribarne nos lleva a un hecho de la vida de Nahuel García, un grave accidente con una lancha lo empujó a tomar una decisión que ya venía masticando, volver, y elegir otra forma de vivir la ciencia.

Al Otro lado

La laguna está.
No hay nadie. O hay alguien. El viento mueve las hojas y las hojas hacen temblar el agua.
Una garza pasa. Una lancha también.
La laguna está.
Nahuel conoce ese paisaje desde antes de saber que iba a dedicar buena parte de su vida
a estudiar lo que ocurre debajo del agua.
El día del accidente no escuchó la lancha.
-Siempre escuchaba los motores debajo del agua. Ese día, no.
El golpe llegó antes que el ruido. Una explosión de agua, calor y sangre. Después, el cuerpo
girando, el brazo atrapado en la hélice, las voces cada vez más lejos.
Una lancha se acercó.
-¿Qué le pasa a este?
Nahuel sabía que si se desmayaba, se moría.
-Me repetía “No te desmayes, no te desmayes, no te desmayes”.
Remó con las piernas y con el brazo sano. Se arrastró hasta la orilla.
Cuando abrió los ojos, vio el cielo.
La laguna seguía ahí.
Quieta.
Antes de todo eso había estado la ciencia.
Nahuel nunca hizo un test vocacional. Las cosas, dice, se fueron armando solas. De chico
veía llegar a biólogos de La Plata que se quedaban en su casa, jugaban a las cartas y
hablaban de redes, peces, ciclos de vida.
Él escuchaba.
-A mí me gustaba mucho darle vueltas con la laguna.
Después estudió biología. Se fue a Puerto Madryn, Buenos Aires, España, Londres y
finalmente Estados Unidos. Tenía un plan sencillo de decir y difícil de cumplir:
-Irme afuera, hacer carrera y volver.
Afuera encontró laboratorios, infraestructura, presupuesto. También encontró otra forma de
vivir.
-No hay más capacidad afuera. No hay más talento. Lo que hay es otra maquinaria. Mejor
aceitada.
Trabajaba durante horas. Diez horas por día, todos los días.
En algún momento se planteó algo que suele llegar cuando el trabajo ocupa demasiado
lugar:
-¿Eso es vida?
Volvió.
El accidente terminó de apurar una decisión que ya estaba tomada a medias.
-Me terminó de acortar la decisión de quedarme.
Volver sin abandonar la ciencia.
Cambiando la forma de vivirla.
La investigación en Argentina tiene menos recursos, menos infraestructura, menos margen.
Hay que arreglarse con lo que hay. Pero Nahuel había decidido que no quería construir una
carrera a costa de perder el resto.
-Yo quería hacer mi camino sin dejar de formar una familia.
En Monte podía trabajar, dar clases, investigar. Pero también podía almorzar a las doce y
media. Volver a su casa. Dormir una siesta. Estar con su hijo.
Afuera, dice, el tiempo era otra cosa.
Acá no.
O al menos no tanto.
Desde su casa se ve el patio. Hay un nogal todavía joven. Naranjas. Mandarinas. Un olivo.
Un perro.
-Yo quería esta oportunidad, la de tener mis plantas, mi patio, mi perro. ¿Quién tiene eso en
una ciudad inmensa?
El nogal todavía no da la sombra que algún día dará. Crece despacio, sin saber nada de
papers, laboratorios ni vuelos a Los Ángeles.
Por eso funciona como una medida más justa del tiempo.
Todavía queda algo de aquel que se fue.
La posibilidad de volver a irse.
El vuelo a Los Ángeles salió sin él. Por ahora decidió quedarse. Dar clases a distancia.
Colaborar con un equipo de investigación en Buenos Aires.
No era el mejor pago.
Era suficiente.
Nos despedimos en el portón.
La laguna seguía ahí.
Después volvió a meterse al agua.
El agua le llegó a la cintura. Su brazo ya no le dolía.
Cuando salió, la laguna seguía ahí.
No lo había dejado ir.
O quizás él no se había ido.

Al Otro lado

Al Otro lado

En esta nueva crónica de Leandro Iribarne nos lleva a un hecho de la vida de Nahuel García, un grave accidente con una lancha lo empujó a tomar una decisión que ya venía masticando, volver, y elegir otra forma de vivir la ciencia.

Una trama encendida

Una trama encendida

En un local de la calle Alem, Mariela sigue trabajando como hace décadas. Entre arreglos de ropa, botones difíciles de conseguir y clientes de toda la vida, construyó una historia atravesada por el oficio, el servicio y la resistencia. Costurera, bombera voluntaria y sobreviviente de cáncer, su recorrido refleja también parte de la memoria cotidiana de un pueblo. Una crónica de Leandro Iribarne.