Martín Alejandro 2026-03-22T20:46:00.000Z

Los argentinos somos derechos y humanos

Los ideólogos y comunicadores del último golpe cívico-militar efectuaron con mucha astucia un alegato que contempló su accionar, explicó el porqué, no solo de su presencia, sino también sus métodos durante el Proceso de Reorganización Nacional. En el libro El Derecho a la Libertad, publicado en 1979 por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto pusieron la “palabra” por sobre las armas.

Los argentinos somos derechos y humanos

¿Qué es un desaparecido? En cuanto este como tal, es una incógnita el desaparecido. Si reapareciera tendría un tratamiento X, y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido”.

Tres años después del golpe cívico-militar y frente a las cámaras de televisión, el General Rafael Videla había de reconocer aquella idea remota sobre el término “desaparecido”. Los Medios de comunicación fueron y son una herramienta de persuasión muy eficiente. Instalar una idea en la sociedad no es una utopía cuando se cuenta con un aparato mediático que la reproduzca infinitamente. La Ciencia Ficción lo venía advirtiendo en la literatura: una voz omnipotente dominará la sociedad. La subjetividad en el lenguaje es el camino más eficaz para reinstalar una idea y más hoy en día con el uso y abuso de los teléfonos celulares en manos de niños jóvenes. Hoy en día la palabra “Libertad” está sobre dimensionada, las personas que son despedidas de su trabajo por el cierre de la fábrica se deben sentir “libres y contentas” de poder elegir una Aplicación y ser socios de Uber, de DiDi, o agentes inmobiliarios para Rimax. La antigüedad y los derechos colectivos de trabajo que han perdido parecieran esfumarse en el término “libertad”, ya no dependen de nadie, ahora son “libres” y sus propios jefes.

Las palabras mutan de identidad para ser parte de un campo semántico funcional al discurso. La presencia de este término plasma, de alguna manera, todo el discurso que le fue atribuido en este proceso comunicativo. Los ideólogos y comunicadores del último golpe cívico-militar efectuaron con mucha astucia un alegato que contemple su accionar. Que explique el porqué, no solo de su presencia, sino también sus métodos durante el Proceso de Reorganización Nacional. En el libro El Derecho a la Libertad, publicado en 1979 por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto explican que: El Ejército Argentino debió asumir la responsabilidad del gobierno de la República Argentina en un momento excepcional del país, a raíz del problema que afecta al mundo de hoy” (1979; 22). Desde su perspectiva venían a salvar a la Nación del terrorismo comunista latinoamericano: por esta razón se enfrentaban dos fuerzas en combate.

En este sentido, se presentan en sociedad como representantes de “la mayoría silenciosa”, de la “gente honesta y bondadosa que trabaja y merece un mundo mejor”. Este es el “pueblo argentino” que vienen a salvar de la violencia y del comunismo. En nombre de la democracia irrumpen el sistema a poco tiempo de las elecciones. Rodolfo Walsh, en “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, en 1977, lo dice con otras palabras: generan un auto golpe, ya que ellos mismos eran miembros del Gobierno de María Estela Martínez y tomaban decisiones luego del fallecimiento de Juan Domingo Perón. La estrategia comunicativa fue revivir la dicotomía entre “civilización y Barbarie”. Como fieles representantes de aquella oligarquía fundante del siglo XIX, retomaron la idea de una Republica enfocada en los valores cristianos e hispanos inscriptos en la filosofía jurídica latina y posición humanista de respeto por los derechos humanos. Mencionan a los “argentinos” como un “crisol de razas” europeas y de otras partes que se “acriollaron” en nuestro suelo. El “ser argentino” es el sujeto sujetado, el civil despolitizado.

La Argentina es Derecha y Humana

En el libro El Derecho a la Libertad, dan cuenta de la necesidad de la intervención del aparato militar en un país que estaba sumido en la violencia del terrorismo. Grupos perfectamente delineados y reconocidos: el ERP y Montoneros. Dos facciones que se desprenden de la militancia peronista. Estos grupos armados y violentos son el enemigo del pueblo argentino, a quien hay que combatir hasta su aniquilamiento. Siguiendo las páginas del libro anteriormente mencionado, podemos entender claramente la existencia de dos relatos histórico-políticos, ya que, para explicar la necesidad de intervenir en la sociedad argentina, hacen un recorrido histórico que va desde la Conquista de América hasta el retorno de Perón en 1973 y su posterior gestión política. No nos abocaremos a resumir la publicación, debido a preservar el tamaño de este ensayo, pero no está demás dejar en claro que en el relato aparecen contradicciones que dan cuenta de la cosmovisión de la oligarquía con respecto a nuestra historia. Por ejemplo, en la página 22 del libro El Derecho a la Libertad, dice que: “…debe destacarse que la mayor energía y efectividad exhibida por el posterior Gobierno del Proceso de Reorganización Nacional, no abrogó los aspectos fundamentales de la Constitución Argentina para lograr sus propósitos. Muy por el contrario, operó para asegurar la vigencia de los Derechos Humanos a la totalidad de la población…” (1979; 22). Con esta cita dejamos a la luz que los miembros del Ejército golpista se presentan ante la sociedad como protectores de los derechos y garantías de la población, y que actuaron bajo la ley de la Constitución. Esta es su mirada sobre el accionar de los Grupos de tareas y los Centros clandestinos de detención, tortura y desaparición de personas civiles.

Rodolfo Walsh denuncia el 24 de marzo de 1977, a un año del golpe cívico-militar, abusos y violaciones a los Derechos Humanos. El 25 de marzo del mismo año es acribillado a balazos en la vía pública en Buenos Aires por miembros del Grupo de Tareas 3.3.2. de la Armada, el cual tenía como base operacional la ESMA. El periodista y escritor dice lo siguiente: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional”. La prensa “amordazada”, y la prensa cómplice fueron parte del “juego” perverso. La falta de información y el terror impuesto en la sociedad fueron piezas necesarias para llevar adelante un plan económico que benefició a la Alta sociedad en detrimento de las clases populares. Por esta razón, y como dijimos párrafos anteriores, la Dictadura Militar vino a reinstaurar un modelo de país, el modelo que se impuso luego de la batalla de Caseros en el siglo XIX donde la oligarquía terrateniente se potencia con la relación entre Inglaterra y Argentina. En el siglo XX, este mismo sector social impera por sobre la masa obrera que sufre la desindustrialización, la desarticulación de los gremios y el secuestro y asesinato de miles de trabajadores que no tuvieron la posibilidad económica de exiliarse al extranjero.

La subjetividad del lenguaje: el enemigo interno

La construcción discursiva del enemigo interno es un trabajo que la misma clase social dominante viene realizando desde el proceso revolucionario independentista de mayo. Tiempo después, la visión de Sarmiento y de Mitre sobre los pueblos originarios y el gaucho rebelde es una operación de desprestigio a estos sectores de la población. Es digno exterminarlos usando su sangre en las guerras y ganando sus tierras fértiles. Los Federales son la barbarie, el atraso que nos aleja de la civilización culta europea. Hay que combatirlos e imponerse a ellos. En aquel momento el libro Facundo, Civilización y Barbarie era funcional a esta cosmovisión unitaria: el Proceso de Organización Nacional. Se utilizó una violencia y un sistema similar al que puso en funcionamiento el General Roca con la llamada Conquista al desierto. Al menos el objetivo fue el mismo: exterminar al “enemigo interno”. Si lo pensamos desde este lugar son los mismos intereses lo que se defienden en el siglo XX con los sucesivos golpes de Estado. La Junta Militar en 1976 se dio en llamar Proceso de Reorganización Nacional, clara alusión a los Nacionalistas del siglo pasado.

Generar un enemigo interno para avalar la intervención fue una estrategia discursiva y publicitaria. El peronismo en sí mismo se había convertido en un potencial enemigo de la oligarquía, o “los contreras” como los llamaba Evita. La utilización de una terminología que cristalice a cierto grupo social siempre tuvo gran impacto en la opinión pública. Un claro ejemplo es el de “cabecitas negras”, término utilizado por las clases altas para categorizar a la masa trabajadora migrante de nuestro país. En ese caso, la astucia de Eva fue quitarle la connotación negativa y relacionar el término a la clase trabajadora. Unificó, de alguna manera, los significados “cabecita negra”, “Descamisados”, “Trabajadores”, para que, alejados del insulto, convertirlos en pueblo.

No es el caso del término “subversivos”, que la dictadura y el aparato mediático instaló como sinónimo de Juventud peronista. También se los nombra “ideólogos”, dejando bien claro que no se aceptarían ideas distintas a las establecidas por el régimen. La mirada sobre el “otro” es denigrante. El “otro”, el que piensa distinto, es el enemigo del “argentino de bien”. Una vez creada esta dicotomía la guerra contra la subversión tiene sentido, porque son “esos” los que vienen a imponer un “régimen autoritario” en un país donde reinaba la paz social y los derechos humanos. En este sentido, y siguiendo la línea de análisis, podemos volver a citar al libro El Derecho a la libertad, donde dice que: “En el medio urbano industrial, otro grupo exiguo, adoptando la apariencia de “peronistas disidentes”, fundó una ´CGT de los argentinos´ opuesta a la central obrera (…) Aquella camarilla marxista logró la penetración en algunos sindicatos…” (1979; 32). La forma de enunciar y de clasificar potencia la idea de enemigo interno. Liga visiblemente los términos Marxistas, Subversivos, Ideólogos, Cabecillas a ERP y Montoneros, ergo: Juventud peronista. El enemigo está a la vista: disparemos sobre él.

A modo de conclusión

Podríamos pensar, a diferencia de los anteriores Gobiernos de Facto, que el golpe del 76´ fue en nombre de la democracia, se sintieron e hicieron ver como profundos sujetos democráticos. Venían a restablecer el “orden” perdido. La Argentina estaba en riesgo de caer en manos de un régimen autoritario. La figura de Perón ya era vista como personalista y autoritaria y no se podía aceptar. No tiene lugar en la política argentina el peronismo revolucionario porque no se adapta al “orden” establecido. No habría problema, dijo Videla en la conferencia de prensa en 1979, si el peronismo se adaptara al modelo, tendría cabida como partido político. El Proceso de Reorganización Nacional se impuso con el argumento de combatir las fuerzas foráneas que venían avanzando en Latinoamérica. Reivindicaron el Modelo Nacionalista decimonónico como único posible y crearon un enemigo al cual combatir para instalar el miedo y llevar adelante medidas económicas antipopulares. Ellos lo expresaron de esta manera: "ahora que la nación argentina vive en paz y cuando nadie tiene miedo a salir a la calle y desplazarse libremente, puede afirmarse que ello se logró merced al consenso generalizado de la población para con la acción de las fuerzas armadas en su lucha contra el terrorismo " (1979; 11).Dejamos a la luz que la utilización astuta de los medios de comunicación son una herramienta que logra instalar una idea en el imaginario colectivo. Una vez instalada es muy difícil volver atrás. La convicción tiene un fuerte arraigo en psique humana.

Los argentinos somos derechos y humanos

Los argentinos somos derechos y humanos

Los ideólogos y comunicadores del último golpe cívico-militar efectuaron con mucha astucia un alegato que contempló su accionar, explicó el porqué, no solo de su presencia, sino también sus métodos durante el Proceso de Reorganización Nacional. En el libro El Derecho a la Libertad, publicado en 1979 por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto pusieron la “palabra” por sobre las armas.

Encarcelamos a los que apretaban el gatillo. A los que dieron la orden, no

Encarcelamos a los que apretaban el gatillo. A los que dieron la orden, no

El terrorismo de Estado no fue un brote de locura militar, fue la herramienta quirúrgica de un proyecto económico planificado desde las sombras. Los propios artífices del régimen lo confesaron. Esta es la historia del hombre que ordenaba mientras los generales obedecían, y de la deuda que nuestra democracia todavía no se anima a saldar.