Mauro Magrán 2026-03-05T14:40:00.000Z¡Qué ganas de...! ¿trabajar?
Una palabra, una etimología y una pregunta que incomoda. A partir de un dato compartido por la Real Academia Española, el estudiante de Logosofía de Santa Fe Mauro Magrán propone una reflexión sobre el sentido del trabajo, invitando a revisar si lo vivimos como una carga inevitable o como una forma de actividad capaz de dar propósito y alegría a la vida cotidiana.

Hoy, al comenzar el día, me encuentro con un tweet de la Real Academia Española en el cual se precisa el origen de la palabra trabajo. Lo cito textual:
El verbo «trabajar» viene del latín vulgar *«tripaliāre» ‘torturar’, derivado del latín tardío «tripalium» ‘instrumento de tortura compuesto de tres maderos’.
Esto me llevó a pensar: ¿qué concepto tengo del trabajo? ¿Trabajar es, para mí, una “tortura”? ¿Siento gusto por el esfuerzo o trato de evitarlo? Y más específicamente, ¿mi semana la vivo esperando solamente el fin de semana?, ¿mi año lo vivo esperando las vacaciones?... ¿y mi vida? ¿esperando la jubilación?
Me di cuenta que durante mucho tiempo se había infiltrado en mi mente un pensamiento que no me permitía disfrutar plenamente de lo que hacía. Que a un período de mucho esfuerzo, mi reacción era desear el descanso, pero no en el sentido reparador, sino como la inercia absoluta, el no hacer nada. Uno de los ejemplos más claros es, cuando a un día agitado, uno espera llegar a su casa y tirarse en el sillón.
Pienso que sería muy conveniente asociar al concepto de trabajo el de actividad. La observación de la misma Naturaleza nos puede ayudar a comprender que todo allí es actividad permanente y que el descanso se manifiesta en cambios en esa actividad, no como la inercia absoluta. ¿Nos imaginamos que nuestro corazón nos diga un día: “me cansé de bombear sangre, hoy voy a parar”? Él alterna permanentemente en movimientos de contracción y dilatación para perpetuar la vida. De la misma manera, la actividad constante se manifiesta en los movimientos del mar, del sol y la luna, las estaciones del año, y tantos otros ejemplos de la Naturaleza. Siempre buscando, en el cambio de actividad, la reparación, la renovación (como ocurre en el otoño y la primavera).
Pienso qué importante es revisar conceptos, hacernos preguntas, pensar sobre lo que hacemos. Seguramente por esas cuestiones propias de la cultura, se nos ha dado por denominar con la misma palabra un instrumento de tortura que la actividad que realizamos para progresar en la vida.
Que podamos reflexionar en este día sobre nuestro concepto de trabajo, que no es propiedad de ninguna ideología o algún sector de la sociedad en especial.
Vinculemos el trabajo a la actividad y la alegría, para que en él encontremos como sociedad un constante progresar en todas las áreas.
“El amor al trabajo conduce, invariablemente, a una vida próspera y llena de posibilidades. El que nada hace no puede experimentar los momentos felices que son deparados al hombre de empresa e iniciativa, pero el que está en constante actividad el que siempre hace algo, encuentra, aun en las pequeñas cosas, las más tiernas satisfacciones” Carlos B. González Pecotche