Leandro Iribarne 2026-04-11T19:33:00.000Z

Una luz nueva en la laguna

En esta columna Leandro Iribarne explora esa "luz nueva" que brilla en nuestra laguna, el hockey como motor de transformación y pertenencia. Una crónica muy acertada y necesaria sobre los desafíos culturales, los prejuicios derribados y la magia de un deporte donde lo importante no es solo el resultado, sino la construcción de un espacio donde todos tienen el derecho a equivocarse y seguir jugando

Una luz nueva en la laguna

Algunos chicos llegan en auto.

Otros en bicicleta.

Los más chicos llegan de la mano de sus padres.

El playón de pasto al costado de la cancha se llena de movimientos pequeños: mochilas que se abren, botellas de agua que ruedan, canilleras que se acomodan bajo las medias. Los palos golpean el suelo con un sonido seco, como si alguien estuviera probando una herramienta recién descubierta.

Juan José llega con una mezcla rara de entusiasmo y duda.

Tiene nueve años y todavía está aprendiendo a habitar esa sensación.

Mira la cancha primero.

Después busca con los ojos a los otros chicos.

No siempre es fácil.

Eduardo Aguilera lo recuerda bien. Lleva más de una década viniendo a este mismo lugar. Hoy coordina la escuela municipal, pero antes de eso fue jugador, antes de eso fue el pibe que miraba desde afuera. Habla despacio, sin fatiga, como alguien que aprendió a construir con paciencia.

Nos encontramos en Plaza España un mediodía de febrero, entre dos partidos del amistoso de pretemporada. Se escapó un rato, buscando la sombra de los árboles.

"El hockey en la escuela municipal de las cebras arrancó en el 2012, el inicio con el profe Rodrigo Luna en ese momento que inició con un grupo de mayores y fue fomentando lo que después sería las chiquititas desde todas las categorías."

El hockey, sobre todo en los pueblos, es un deporte que se arma con lo que hay. A veces faltan jugadores para completar las categorías y los partidos se juegan mezclando edades. O mezclando nenes y nenas. Los más chicos comparten cancha con otros más grandes. Aprenden a su ritmo, entre la fascinación y un pequeño miedo.

Pero igual vuelven.

"En esa época, había otros dos clubes que, tanto San Miguel como el Club Deportivo Independiente, tenían sus escuelitas también de hockey, lo cual permitía hacer un torneo interno en el pueblo.”

Juan José conoció el hockey pasando por la veredade la cancha. Tenía cuatro años.

Se quedaba mirando a los chicos correr con un palo y una pelota blanca. Durante un tiempo pensaron que hablaba de tenis o de algún otro juego. Hasta que entendieron: lo que quería era ese deporte del palo con la pelotita.

Desde entonces insiste en venir.

A veces disfruta.

A veces se frustra.

Le gustaría ser mejor de lo que todavía le sale.

En eso, quizá, se parece a casi todos.

"Se jugaba Liga Social, torneo regional en pasto natural. Se juntaban clubes una vez por mes a jugar todos contra todos. En el año 2016 se pasó a competir en Cuenca del Salado, que no solo se jugaba de 11, sino que también nos enfrentábamos con equipos como Chascomús, Lobos Athletic, General Belgrano que ya tenían cancha sintética... otro deporte. Cambia totalmente lo que es la parte técnica y táctica.”

La cancha está al borde de la laguna. Cuando cae la tarde el aire se vuelve más húmedo y llega una brisa que mueve los pastos del fondo. Se escuchan grillos. A veces el grito de alguna gallareta. El cielo cambia de color mientras las primeras luces empiezan a encenderse de a poco.

Nada de esto estaba al principio.

"En el año 2019 empezaron la obra de la cancha, en 2020 era seguir con ese proyecto. La idea era que en abril esté terminado. La pandemia hizo que se atrase hasta octubre del 2020.”

La cancha fue creciendo lentamente. Primero el sintético. Después el perímetro. Más tarde algunas torres de iluminación. De a poco aparecieron paradores, un pequeño kiosco improvisado para los días de partido.

El primer torneo después de la pandemia llegó en agosto de 2021. Meses de entrenar en burbujas, de acomodar horarios con la luz natural, de no saber si todo ese esfuerzo tendría sentido.

Ese año llegaron a un podio por primera vez. Terceros en primera, podios en séptima y sexta.

"A pesar de todas las adversidades, con un 2020 casi sin poder entrenar y 2021 con solo mitad de año... fue espectacular, la primera vez que se jugaba en nuestra cancha.”

Se espera que lleguen vestuarios y baños, un quincho para que el tercer tiempo tenga un techo donde reunirse.

Salimos terceros en primera división en ese primer torneo post pandemia, primera vez que se llegaba a un podio en esa categoría. También tuvimos podio en séptima y en sexta división ese año. A pesar de todas las adversidades, con un 2020 casi sin poder entrenar y 2021 con solo mitad de año de entrenamiento”.

Nada ocurrió de golpe.

Un poco lo hizo el municipio, directores deportivos, entrenadores y entrenadoras.

Otro poco lo hicieron los padres.

Otro poco los mismos jugadores.

Así se armó y se sigue armando el hockey en Monte.

"Para 2024 intermedia salió campeón de Cuenca del Salado por primera vez en la historia... Se había llegado a una final. El año pasado, también seguimos en esa escalada deportiva, salimos subcampeones en intermedia y en primera. En mayores llegar a las dos finales, no se nos dio en las dos finales, a un paso, a un paso. Entonces deportivamente fue un crecimiento enorme.”

Ese sábado se jugaban amistosos de pretemporada.

Las categorías entraban en orden.

Primero los más chicos, en un cuarto de cancha.

Después media cancha.

Al final los partidos grandes, ya de noche.

El hockey tiene algo progresivo.

Cada edad agranda el terreno.

"En 2023 Güecubú Caballeros mayores jugó por primera vez un torneo oficial. Se jugó la Liga del Centro y salimos quintos... fue la primera vez que se jugó un torneo oficial durante todo el año.

No podíamos jugar de local por ser un equipo nuevo. La liga era en la región centro del país, nos llevaba a jugar de local en Junín o 9 de Julio... Se hizo largo el torneo, arduo, mucho viaje. Lo más cerca que teníamos era Saladillo para jugar y 25 de mayo. Así que hemos hecho muchísimos kilómetros ese año.”

Mientras esperan su turno, los chicos corren alrededor de los conos o se pasan la bocha. Algunos padres miran desde el costado con mate en la mano. Otros ayudan a ordenar. Las madres a veces se quedan más tiempo del que pensaban. De ahí, nacieron también los equipos de hockey mami´s.

La formación de lo que es Güecubú menores es el proceso y el paso que tenemos que seguir dando para el hockey masculino, que en la zona es muy difícil. La mayoría de los chicos juega al fútbol y es difícil que practiquen este deporte.”

La escena se repite cada semana.

En los clubes de fútbol del pueblo suele haber treinta chicos por categoría.

Tres equipos completos si hiciera falta.

En hockey, muchas veces cuesta juntar siete.

No siempre es por falta de ganas.

A veces es cultural.

En Argentina el fútbol es una corriente fuerte. Muchos chicos empiezan ahí. Algunos encuentran su lugar. Otros no.

El hockey, curiosamente, termina recibiendo a varios de esos chicos que quedaron en el borde. Los que no encontraron espacio. Los que se cansaron de esperar minutos de juego. Los que se sintieron un poco afuera.

Nuestra cancha es nuestro espacio, es tener nuestra identidad... lo edilicio es fundamental y estamos apuntando a eso, más allá de lo deportivo que nunca lo dejamos de lado.”

Aquí el equipo todavía se está armando.

Y eso cambia todo.

Eduardo Aguilera observa el entrenamiento con una calma atenta.

Para él el hockey es más que un deporte, es también la forma de construir algo que todavía está empezando.

Marcamos como éxito en un partido que las chicas o los chicos hagan lo que nosotros entrenamos en la semana. Que apliquen los entrenamientos en el juego después en la cancha. Para nosotros eso es el éxito, no el logro deportivo o el triunfo. Nos importa; si, pero no es el factor importante de nuestra premisa. Y siempre marcamos como exitoso que disfruten del deporte que eligen hacer, en el caso nuestro el hockey y vuelvan cada semana a compartir este hermoso espacio.”

El hockey masculino cumple una década en pocos días.

"Este 2026 cumple 10 años Güecubú. En abril va a ser la primera vez que se juntó el equipo para jugar Olimpiadas de Cuenca del Salado... vamos a tratar de juntar a toda esa gente que estuvo en ese inicio. Vamos a jugar con los chicos que están jugando hoy, una especie de homenaje."

Diez años en la vida de un pueblo es poco.

Pero alcanza para que algunos chicos que empezaron muy chicos hoy sigan jugando. Para que haya familias que se reconozcan entre sí. Para que el deporte empiece a tener una memoria.

"Nosotros tenemos un deporte donde juegan todos. ... uno va a aprender y ellos van a aprender y van a mejorar y a crecer jugando dentro de la cancha. Es el espacio donde tienen para aprender... también lo repetimos 1,000 veces, te vas a equivocar 1,000 veces, no importa, es para eso.”

Cuando termina el entrenamiento los chicos se quedan un rato más.

Hablan. Se empujan. Se pasan la bocha sin reglas.

Ese momento tiene nombre propio en el hockey: el tercer tiempo.

Tenemos una realidad que todos los años se nos van las chicas y chicos que terminan el secundario a estudiar a La Plata o Capital Federal... y lo que intentamos también es esto. El sentido de pertenencia, que tenemos chicas que están en La Plata y en Capital que vienen los fines de semana a jugar y entrenan... y vuelven todos los fines de semana para jugar con nosotros.”

A veces solo hay cielo.

Y alcanza.

"Sabemos que somos una escuela municipal, eso lleva un trabajo doble, en un lugar que es muy futbolero, es difícil sostenerlo y mantenerlo. Trabajo en las escuelas y le digo a los chicos que vengan a jugar al hockey! La respuesta muchas veces es no, es un deporte de nenas, Y ahí está una de las problemáticas... Queremos y trabajamos día a día para desactivar eso”

Antes de irse, Juan José vuelve a mirar la cancha.

La luz cae sobre el sintético con un brillo suave.

Todavía no sabe si va a ser un gran jugador.

Tampoco parece importarle demasiado.

Pero importa haber encontrado un lugar donde volver.

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