Leandro Iribarne 2026-09-03T17:36:00.000ZBajo otra capa de pintura
Una plaza que cambió de nombre, un mural en discusión y una conversación con Alejandro Cortés abren un recorrido por las huellas del pasado que conviven en Monte. En esta crónica, Leandro Iribarne se detiene en quienes buscan debajo de lo cotidiano para preguntarse cuánto de aquella historia sigue dando forma al presente.

Algunos lugares permanecen quietos mientras todo lo demás cambia de nombre.
La plaza donde ahora funciona la casa de la cultura alguna vez estuvo bajo el nombre del virrey Vértiz, después fue España y, con el tiempo, terminó siendo Raúl Iribarne, el intendente radical que gobernó Monte durante varios mandatos y que murió dejando su apellido prendido en una parte del pueblo. Los nombres fueron cayendo sobre las mismas baldosas como capas de pintura. Debajo de una, aún duerme la otra.
En esa cuadra, un día como cualquier otro, el pasado está al alcance de la mano. El museo de Monte a unos pasos. Enfrente el rancho de Rosas. Y alrededor, donde la historia forma parte del paisaje, circula el presente con sus pequeñas urgencias. Esa semana había una discusión por el color y la pintada de un mural sobre la casa de la cultura. La historia que se reedita en cada gesto.
Nos sentamos a hablar con Alejandro Cortés en ese lugar.
Hablamos durante más de una hora. Sin teléfonos, ni interrupciones. De vez en cuando alguien pasaba y lo saludaba con familiaridad. Alejandro respondía con una sonrisa breve, casi apagada, y seguía hablando.
Lo que le interesa de la historia parece estar un poco más abajo de las fechas, de los próceres, de las efemérides que ordenan los manuales escolares. Le interesa saber cómo pensaba la gente. Qué cosas daba por ciertas. Qué miedos tenía. Qué clase de sociedad hacía posibles determinadas decisiones. Cómo una forma de mirar el mundo termina organizando la vida de quienes vienen después.
"Lo que me gusta de la historia que es la investigación y no del hecho histórico que forma parte del panteón sacro que también es parte de la historia sino me interesa la dinámica social... me interesa eso de ver cómo pensaba la gente cómo era la lógica de pensamiento porque creo que eso determina un montón de cosas."
Tal vez por eso una conversación con él termine hablando tanto del presente.
Porque el pasado tiene la sospechosa ventaja de que ya sucedió.
Sabemos quién ganó, quién perdió, qué edificio quedó en pie y cuál desapareció, qué nombre tuvo una plaza y cuál lo reemplazó. Los acontecimientos, una vez convertidos en historia, adquieren esa apariencia tranquilizadora que tienen las cosas terminadas. El pasado parece ordenado porque ya conocemos su desenlace. El presente, en cambio, todavía conserva todas sus posibilidades, incluso las que preferiríamos evitar.
Desde el banco donde hablamos, Monte podía verse como una superposición de tiempos. El rancho de Rosas, el museo, la casa de la cultura, el mural discutido esa semana, el nombre de un intendente, el de un virrey que había vivido dos siglos antes. Todo estaba ocupando el mismo espacio sin pertenecer al mismo tiempo.
Quizás eso sea, en parte, vivir en un pueblo.
Caminar sobre huellas que no elegimos y dejar otras sin saber si alguien alguna vez las va a reconocer.
Hay personas que viven toda su vida en Monte y apenas conocen esa historia. Hay quienes llegan por un paisaje, por la laguna, por unos días de descanso, y descubren en el pueblo un pasado que forma parte del atractivo del lugar. Y unos pocos hacen esa otra cosa. Estudian, preguntan, buscan documentos, reconstruyen nombres, persiguen rumores, rescatan personajes, intentan darle espesor a aquello que para los demás se volvió paisaje.
Alejandro pertenece a esos pocos.
Quien ha vivido siempre en Monte busque alguna respuesta sobre sí mismo en la historia del pueblo. Cada apellido, cada esquina, cada casa que persiste puede terminar devolviéndonos una parte de nosotros mismos.
Alejandro sabe que la historia está llena de nombres que desaparecen. También sabe que ningún nombre desaparece del todo.
Cambia de lugar.
Se convierte en conversación.
O queda bajo otra capa de pintura.