Cortés Alejandro 2026-08-10T13:21:00.000Z

…Tras los pasos de Enrique Uzal…

El profesor Cortés, junto a Jorge Barberini, reconstruye la figura de Enrique Uzal a través de documentos, testimonios y viejas páginas de La Voz de Monte, tras las huellas de un poeta fundamental y paradójicamente olvidado de nuestra historia cultural.

…Tras los pasos de Enrique Uzal…

Las historias se suceden como fotogramas. Y cuando ese carrusel de historias se detiene, hay un fotograma especial: un salón en la localidad de Los Hornos. Una comunidad de amigos, muchos de ellos tradicionalistas, y uno de los oradores pone como referencia central un nombre: Enrique Uzal, y lo trae al presente como si lo conociera de toda la vida.

Poco conocemos los montenses a una figura de la cultura como Uzal, quien, sumado a todo su aporte literario, es —me animo a decir— el padre de la literatura local.

En lo personal diría que casi es un mito. ¿Quién es Uzal? ¿Por qué muchos lo referencian y nosotros todavía creemos que solo es un teatro? Existió Enrique Uzal. A veces dudo, pero al abrir el cajón de los documentos se desplegó ante mis dudas un mar de datos que corroboran que existió, que aportó al enriquecimiento de la literatura gauchesca y que es un elemento central, un poco olvidado, de la idiosincrasia montense.

En una interesante charla con Jorge Barberini, me manifiesta que Uzal es quien mejor pintó el sentir del montense, en tanto referente clave de la cultura de un pueblo nacido en la frontera.

¿Cuál literatura gauchesca? ¿La culta, en la que nos encontramos con exponentes como Gualberto Márquez, conocido como Charrúa, y Miguel Etchebarne? ¿O una literatura más cercana al sentir popular, que hunde sus raíces hacia fines del siglo XIX con exponentes como Ascasubi y que, yo diría, cobija después el surgimiento de un referente del oficio de payador como Gabino Ezeiza, voz del pueblo y contestataria?

Uzal, sin atarse, se movió cómodamente en ese mar, sabiendo encontrar su estilo y su impronta. De profesión, guarda de almacén en la Aduana; de vocación, poeta.

Vuelve a intervenir, con la impronta que solo Jorge puede darle, y me cuenta que el payador de la Guardia del Monte expresaba: "Por oficio resero y a veces soy domador; nunca payador, pero sí guitarrero". Deducimos en la charla que Uzal seguramente improvisaba cuando guitarreaba, con la impronta de Ezeiza.

Nos pusimos a repensar e imaginamos que el joven poeta y el eximio payador pueden haberse cruzado. Los unía su inclinación por las letras y las guitarras, y su leal defensa de los ideales del yrigoyenismo. Hasta nos animamos a pensar en crispadas reuniones con sus primos los Basualdo, en un apacible pueblo de calles de tierra, en tiempos de confrontaciones entre conservadores y radicales.

Aunque también, por el anecdotario que sus contemporáneos contaron sobre su figura, sabemos que no era un personaje atraído por la fama y la prensa. Más bien, cuando se sumaba a una peña, se entreveraba entre la gente, cultivando un bajo perfil.

No hay fotos ni rastros públicos. Conscientemente o no, alimentó su propio mito.

Concurrente del bar de la esquina del Hotel El Jardín, se reunía con sus amigos. La anécdota dice que allí quedaba guardada su guitarra y que, cuando volvía al pueblo, la hacía hablar entre copas de jerez, letras y amoríos.

Bailarín y versador puro, escribió muchas historias que se convirtieron en música y, entre ellas, letras de tango. De su frondosa obra, Chuzas fue la primera en ser interpretada nada menos que por Ángel Cárdenas junto a la orquesta de Aníbal Troilo.

¿Por qué no volar con la imaginación y ver a Enrique hacer unos pasos en la pista de baile de la Sociedad Italiana al compás de las grandes orquestas?

En la esquina de la chumbeada lo conocí al mencionado”, decía Uzal.

Indagar en la vida del poeta es una manera clara de adentrarnos en una época de Monte poco conocida. Charlas políticas, ensambles familiares y rasgos de la esencia de una sociedad de frontera pueden leerse claramente en sus decires y en sus escritos.

Dice La Voz de Monte, del viernes 26 de abril de 1957:

La pluma de Enrique Uzal voló como los cóndores a gran altura… Sus versos y sus poemas figuran en nuestra antología entre los de Hernández, Del Campo, Güiraldes y otros, por la profundidad de su fisonomía humana y la belleza de sus formas sentenciosas y creadoras.”

Y otro gran payador montense, Felipe Luján Arellano, le dedica un recuerdo póstumo al inolvidable bardo de mi pueblo:

"Ya un hijo de este solar, su Guardia del Monte adorada, con mi lira bien templada hoy lo quise homenajear; pero es pobre mi cantar, tan humilde en lo que escribo, que yo mismo lo percibo, al cantarle reverente a aquel gallardo exponente de nuestro acervo nativo."

La crónica dice que, “al sentirse al borde de la muerte, sin remedio, fue solamente formular a aquellos, con voz trémula y apagada: “Yo quiero descansar en Monte”.

De esos días es el homenaje a su persona que se materializó en un busto que, según cuentan, se hizo con el bronce destinado a un monumento al gaucho y que hoy sigue rindiendo homenaje al poeta en el hall de ingreso del Centro Cultural Enrique Uzal.

"Con cariño se refirió a sus libros llamándolos “manojos de humildades”, sin saber, quizás, que en ellos legaba al mañana un riquísimo compendio de expresiones populares."

En mis recurrentes charlas sobre Uzal con Jorge, siempre me surge plantear que estamos tras los pasos del poeta. Porque, en mi aporte a la historia, está el pensar que su personalidad libre lo llevó a los más altos lugares de la literatura, pero, incomprensiblemente, también a un sutil olvido en su propio pueblo.

A veces pienso que el tiempo le pasó factura por su fuerte yrigoyenismo, algo poco aceptable en un pueblo de estirpe conservadora. O quizá se cumplió una profecía: descansar en estas tierras y nada más.

Pero la llama permanece viva. Juan la atizó y nos reunió para repensar al máximo de los poetas montenses. Y, en un día de viento y lluvia, entre mates y anécdotas, se escuchó una vieja milonga de Reparaz como respuesta a otras tantas preguntas que aún reclaman respuesta…

deja que silben los vientos”...

…Tras los pasos de Enrique Uzal…

…Tras los pasos de Enrique Uzal…

El profesor Cortés, junto a Jorge Barberini, reconstruye la figura de Enrique Uzal a través de documentos, testimonios y viejas páginas de La Voz de Monte, tras las huellas de un poeta fundamental y paradójicamente olvidado de nuestra historia cultural.

Actuación de los pensamientos

Actuación de los pensamientos

En diciembre de 1941 fue publicado por primera vez este artículo en la Revista Logosofía, escrito por su autor Carlos Bernardo González Pecotche.